El cielo de la boca

Los días siguientes traían el velo transparente de un invierno fingido. Los ojos como las ventanas y el piano lento de las tardes por el desagüe, la procesión de todos los demás, el transeúnte de mi peatón que se abriga, medialuz a proa, silencio en clave de sol.

Arriba, más arriba aún que las azoteas, mezclo medicinas para que me salga la primavera por la garganta. La ronda del alféizar. Separo con cuidado el músculo de la ternura. Secciono la articulación de la sábana. Aparto el tejido del olor a desván. Aurículas y ventrículos que se abren como un libro, y se puede ver el latido sordo de las marionetas.

La opereta de las uñas que no se clavan, el naufragio mudo del sofá. Uno a uno los instrumentos tiritan los dientes, soñando con cocinas de café y mediatardes de azúcar. El sol. La luz en el balcón. El tierno desierto que sube por el tobillo. En el fondo de la maleta se calla el monstruo de las fotografías, y se oye el silbido siniestro de la cola del reloj.

Más tarde, con un silencio limpio de patenas y lejía, se abren paso los fantasmas y las noches congeladas. Giran el cuello los claveles. Luto en el escaparate de las floristerías. Un gato que se escapa tras una esquina. Humo que, con el viento, desaparece. Recojo papeles para la candela. Debajo de la cama se esconden todos los monstruos. Calla, que no se despierten.

Sonntag, 8. Mai 2011

Frankfurt sin Adriana

Frankfurt se congela sin Adriana.

Detrás de los cristales, dice, me va entrando el invierno y mira qué delgado. Como las cuchillas, dice, en cristales y en trocitos de hielo se me cuelan. La piel, dice, la piel se me cuartea y me entra el frío, ése frío, que clava astillas y que no entiende si Enero o si Marzo. Adriana se recoge como las cajas de música. Abriga el pecho la medalla del aire. Se toca Adriana sin reconocer su piel. ¿Recuerdas mi ventana?, dice, entraban las primaveras por el río y el verde de las ramas, ¿recuerdas?. Los recuerdos eran como campanillas que se pierden en el eco del desván. ¿Recuerdas?, la melodía del hielo iba azulando las sienes de Adriana. Cuerdas que se desatan. Marionetas que dejan posados sus brazos en el suelo.

Yo era quien cantaba las nanas insignificantes. Era yo quien soplaba el aire de tu pelo y tú pensabas que era el aire de tu pelo quien soplaba, y entre tanto aire, burbujas para que el invierno no llegase. Tengo frío, empezó a decir. Antes de que el azul llenase su cajita de música Adriana me dijo "tengo frío". Aviones que se pierden en las alturas. Cartas que se envían desde el exilio. Yo soplaba la vela en los días de sol y ella se iba embarcando en el tejado de donde se cuelga la luna. El invierno tomó Frankfurt. Después sucumbieron Hannover, Hamburg y Schwerin. Adriana, desde su ventana, dejó de recordar el olor de la cocina y la distancia del pasillo. Cerrar las puertas del invernadero. Sellar las ranuras y conservar lo poco de aire que queda. Yo le tomé la mano y le susurré que no me olvidase.

"Mira, éste traje me lo he comprado hoy, ¿qué te parece?". "Ja, ja, ja, qué tonto eres, ven aquí y deja de hacer el mono". "¡Cumpleaños feliz!, para celebrarlo te he hecho un café". "¡Por fin me llamas!, no sabes cuánto te he echado de menos". "¡Vamos, ven a bailar!, hoy es viernes, no seas tan viejo". "Tengo que volver a Cuba. No sabes lo preciosa que es". "Buenos días, tonto". "Buenas noches, me alegra que te hayas pasado a verme"...

Sonntag, 7. März 2010

En el desván

Madre, ella es elegante como las pestañas
como los pasos descalzos ella es suave
como las guirnaldas y como las manzanas
ella es azul como el cristal que no se rompe
tiene una mano que gira con las uñas encogidas
y una cadera que no se quiebra
y medio collar de labios y hielo
que sonríen los dientes son sonrisas

Madre, ella me susurra y tuerce la voz
con su ropa tendida se pierde no suena
el frío en susurro de las interferencias
ella es constante en sus mejillas
y tiene un ojo abierto y un pie quebrado
Madre su cuello es azul
Madre su hombro es azul
Madre, susurra en azul sin tristeza
su voz muda y sin aire en los pulmones

Madre, es bellísima como las cuerdas de los violines
como las teclas de un piano es bellísima
como el hielo en el hueco de la boca
mira cómo sueña
los sueños helados de melocotón y uva
de arena de playa ya no estaba triste
Madre su brazo torcido de frío
sus dientes Madre susurran qué me susurran
las flores congeladas y una muñeca que se tuerce

Deja que susurre Madre
que no volverá Quitasueños
Ella es bellísima como el cristal
brilla como un espejo quebrado
y me sonríe Madre mientras sueña qué sueña
pasos que no da y besos sin labios
ya no está triste Madre no lo vé?
Uñas que no arañan y un ojo abierto
sí, seguro que están soñando.

Montag, 22. Februar 2010

 
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